Vivimos, como alguien ha dicho, los tiempos de la vergüenza, de la vergüenza del terror, de la corrupción de la guerra, del olvido y la xenofobia, de las mordazas y mentiras. Por eso, generar un discurso sectario y excluyente para encadenar conciencias, sacralizar una guerra, reivindicar la exclusiva de la salvación, considerarse esencia de superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno... o convertir en mesiánicas las empresas humanas, son algunas de las fuentes de la violencia (Rabino Marc Raphaël Guedj), que día a día atenazan a los muchos pueblos y constituye la peor solución de las posibles. La solución, más factible, sin embargo, vendrá de la mano de la verdadera democracia que de vida a una sociedad firmemente cohesionada con derechos y deberes definidos en justo equilibrio con las necesidades que aquella precisa en su conjunto. Es decir, debe consagrarse el principio de la no impunidad y da la igualdad
viernes, 27 de enero de 2012
Bibliografía Recomendada #1
MACHÍN CÁCERES, Jorge. Los límites objetivos de la Cosa Juzgada (Incinder Tantum). 1era. Edición. Caracas, Venezuela. Ediciones Paredes, 2009. Serie Monografías. ISBN: 978-980-7111-24-9.
La obra que se le presenta al lector intitulada Los límites objetivos de la Cosa Juzgada (Incindenter Tantum) constituye un valioso aporte a los estudios procesales en Latinoamérica, por cuanto el análisis serio y profundo que el autor realiza sobre la acción, la pretensión, el objeto litigioso y la eficacia de la cosa juzgada, avalado por la confrontación y análisis crítico de abundante doctrina alemana e italiana, revelan el aporte original y válido en orden a la problemática procesal de los límites objetivos de la cosa juzgada.
Fuente: Tienda MicroJuris
jueves, 19 de enero de 2012
Justicia Responsable
La Justicia es derecho, razón, igualdad, imparcialidad, justificación, equidad, rectitud, ecuanimidad, probidad, seriedad, moralidad, conciencia, honradez, entereza y neutralidad; la responsabilidad es obligación, carga, deuda y cumplimiento, garantía, restitución y resarcimiento, compromiso, deber y servidumbre. De allí que la Justicia que no es responsable no es tal, es -en todo caso- un yerro, un error, una equivocación, una ofuscación, un extravío mental, un descarrío, un desvío, un engaño y mas aún, un fraude.
Si quien debe impartir justicia no asume su deber como una carga obligatoria de servir, como una deuda que tiene que cumplir, como una garantía y un compromiso para con el justiciable, entonces, lo más probable es que tampoco sea imparcial, ecuánime, recto, probo, severo, honrado y neutro; será un irracional que viola el derecho a la igualdad, un vasallo del dinero o prebendas inimaginables aunque todas degradantes, revestido de la prepotencia inconfundible de quien pretende ocultar su resentimiento contra sí mismo por su falta de integridad que lo obligó a esconderse de su responsabilidad.
Si por el contrario, no se cree Dios sino un humilde servidor, consciente de que siempre es más lo que se ignora que lo que se sabe, pero con el afán firme y constante de buscar la verdad para poder dar -sin equivocaciones- a cada quien lo que le pertenece, teniendo como hábito inquebrantable conformar sus acciones con la ley, entonces, podemos decir que estamos frente a un hombre que puede impartir justicia responsablemente.
Frente a sus decisiones podrá ejercer algún recurso quien crea que fue perjudicado con el fallo y para el sentenciador será un alivio compartir tan tremenda responsabilidad de impartir justicia, pero vivirá agobiado por la duda si su sentencia es irreversible porque jugó a Dios sin serlo, sabiendo que bien pudo equivocarse porque solo Dios no yerra. Puede ser que algún día se imponga la verdad real diferente a la aparente realidad recogida como fundamento de su fallo y conocerá -con dolor- que cometió una injusticia irremediable. Por el contrario, si fue irresponsable en tomar la decisión, poco le importará y menos si obtuvo alguna compensación -de cualquier índole- porque ya, desde que la recibió, es nadie aunque tenga mucho poder y bienes materiales, pues sólo se es alguien cuando nos bastamos a nosotros mismos y no hemos perdido el conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar, es decir, no hemos perdido la conciencia. Aunque todos sabemos que, hasta en lo más profundo y oculto de nuestros pensamientos, lo que es bueno y lo que es malo. Lo demás es sinvergüenzura.
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