Vivimos, como alguien ha dicho, los tiempos de la vergüenza, de la vergüenza del terror, de la corrupción de la guerra, del olvido y la xenofobia, de las mordazas y mentiras. Por eso, generar un discurso sectario y excluyente para encadenar conciencias, sacralizar una guerra, reivindicar la exclusiva de la salvación, considerarse esencia de superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno... o convertir en mesiánicas las empresas humanas, son algunas de las fuentes de la violencia (Rabino Marc Raphaël Guedj), que día a día atenazan a los muchos pueblos y constituye la peor solución de las posibles. La solución, más factible, sin embargo, vendrá de la mano de la verdadera democracia que de vida a una sociedad firmemente cohesionada con derechos y deberes definidos en justo equilibrio con las necesidades que aquella precisa en su conjunto. Es decir, debe consagrarse el principio de la no impunidad y da la igualdad
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